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Game of Thrones: Comienza la batalla decisiva

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En medio de la incertidumbre provocada por el hackeo a los servidores de HBO, cuyos responsables amenazaron opacar el estreno de este cuarto episodio de la séptima temporada de Game of Thrones con la difusión de capítulos posteriores a éste -no ha ocurrido hasta ahora-, la serie se dedicó anoche a lo que sabe: sorprender con su espectacularidad y aportar algunas escenas intimistas que anudan firmemente los destinos de personajes de cara al desenlace.

 

Estamos, después de todo, a sólo nueve entregas del final. Por supuesto, no debería seguir leyendo si no vio ya “The Spoils of War”, ya que hay spoilers.

Para comenzar, el final. Hace rato que discutíamos que los dragones eran, hasta ahora, el equivalente a armas de destrucción masiva en Westeros: su poder de fuego era tal que su sola existencia servía como disuasión. Pero Daenerys Targaryen, como ella misma explica, ha perdido buena parte de la ventaja que traía al llegar a Dragonstone: sus barcos (con los Greyjoy), sus provisiones y dinero (con los Tyrell) y hasta sus aliados en Dorne, hasta ahora poco determinantes pero poderosos. “Basta de planes inteligentes”, se la escucha decir ante la enésima estrategia fallida de Tyrion. “¿Qué debería hacer?”, le pregunta en su lugar la reina a Jon Snow. Matar inocentes tratando de tomar a sangre y fuego King’s Landing la haría una soberana más que trata a sus súbditos como seres descartables, dice el Rey en el Norte. Su decisión, aunque no vemos toda la conversación que le dio lugar, sí marca el comienzo de una alianza entre ellos, ya que el ataque tiene la marca registrada del Bastardo de Winterfell: descabellada, valiente, sacrificada. Y, por supuesto, toda la secuencia es digna de los meses que debió retrasarse el estreno de la serie para hacerla posible. Los productores de la serie prometieron que ésta sería la temporada en la que veríamos a los dragones en acción, y no mintieron.

 

 

 

Montada en Drogon, Dany abre las filas de los ejércitos Lannister con fuego ante la atónita mirada de Jaime y la masacre instantánea de los soldados, incapaces de enfrentarse al fuego desde el cielo ni a las hordas Dothraki en el terreno. El comandante finalmente reacciona lo suficiente para enviar a Bronn a operar la megaballesta diseñada por Qyburn. Al segundo intento, el caballero logra herir en un ala al dragón, que incluso malherido y ya en tierra, defiende a su madre del ataque de Jaime. Éste parece salvarse del fuego valyrio para hundirse en las profundidades a las que lo arrojó Bronn.

Aunque habrá que esperar para saber si Jaime vivirá y si la batalla fue ganada por Dany a costa de perder a su mejor arma para dominar los Siete Reinos (parece improbable que Jaime no viva para contarle a su furiosa hermana que Lady Olenna envenenó a Joffrey y que los dragones sí pueden ser neutralizados), está claro que, con Jon Snow en Dragonstone “acercando posiciones” con los Targaryen (“sí, ya lo vi admirando su corazón”, le dice Davos Seaworth con un guiño pícaro a Jon, tras preguntarle su opinión acerca de la soberana) la historia pronto convergerá en el eje Norte-Sur. Si el avance del próximo episodio -y las visiones de Bran Stark- no nos engañan, los ejércitos del Rey de la Noche se acercan al útimo castillo que custodia el Muro, Eastwatch by the Sea, y toda la obsidiana que la Khaleesi le permitirá retirar de las entrañas de la fortaleza a Snow no bastarán para derrotarlos.

 

 

 

 

 

En la escena en la que Snow le muestra Daenerys las pinturas rupestres dentro de Dragonstone que prueban que los Caminantes Blancos ya habían avanzado en el pasado contra los hombres y los Hijos de los Bosques (aquellos habitantes pretéritos y sobrenaturales del continente que cuidaban al Cuervo de Tres Ojos más allá del Muro), se omite deliberadamente la respuesta de Jon Snow a la propuesta de la Reina: ella los defenderá, pero sólo si el Norte jura obediencia ¿Volverá a perder la lealtad de sus protegidos el Rey del Norte en su intento por salvarlos, cómo ocurrió con la Guardia de la Noche? Veremos si ha aprendido de las circunstancias de su propia muerte, y de la de su “padre”, según le advirtió su hábil hermana Sansa antes de viajar. O quizá su suerte está echada ya, aunque en secreto.

En Winterfell, la llegada de Arya al castillo, y la demostración de su poderío (usando los movimientos que Syrio Forel le enseñó allá por la primera temporada) en duelo con Brienne, terminan por alinear a los Stark, por un lado, en su castillo, y a los ¿Targaryen?, en el suyo. No puede faltar demasiado para que Bran revele su verdadero parentesco a Jon; hay dos dragones ilesos sin jinete que, si es cierta la leyenda, sólo aceptarán a quienes tengan su propia sangre para montarlos. La mirada de Tyrion en el campo de batalla -eterno candidato a tercero en cuestión-, rogando en silencio que su hermano mayor no ataque al dragón herido, mezclaba temor por el hombre con una clara fascinación por la criatura. Pronto veremos cuál de esas emociones es la determinante en la historia.

F: lanacion

 

 

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